Divagaciones

    No iba a escribir nada. No quería formar ni una sola frase, palabra o sílaba.
    Hace tiempo que no tengo inspiración, que no creo en ella. La inspiración seria una mezcla de creatividad unida a un sentimiento pleno de fuerza, no importa que se trate de amor o de odio, de alegría o tristeza, deseo o repugnancia. Y, lo cierto, es que cuando sientes así, te suele fallar la originalidad.
    Los pequeños escritores suelen tener la osadía de tratar de emular a los grandes genios del pensamiento, y eso, les pierde, dejan de ser ellos mismos, y con ello, pierden su esencia navegando en los mares tempestuosos de las sentencias vestidas de gala y los temas sinuosos que tratan de Dios, la vida, la muerte, el cómo debería o no ser el mundo o quién fue éste o aquel personaje realmente.
    ¡Qué bobada! ¡Si no seríamos capaces de conocernos a nosotros mismos ni aun reencarnándonos durante milenios recordándolo todo!
    Entonces, ¿por qué no conformarnos con ser nosotros sin querer proyectar una imagen distorsionada al círculo que nos juzga? ¿Qué mas da que la vecina nos ponga como un trapo? ¡Qué hable la vecina! ¡Que nos critique el mundo! Es lo fácil, así no tienen que preocuparse de juzgarse a sí mismos. No debe haber nada peor que saber todo acerca de uno; si alguien lo ha logrado, se le dio por loco.

Roxana Palacio_1.993.

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