“Un guiño al rostro del futuro”

A finales de año cumpliré los 24, dato que no tiene la más mínima importancia. La verdadera edad no está en los años cumplidos, sino en los que llevas vividos en tu interior, en lo más profundo de tu alma.

Pensé en escribir acerca de personas en las que la edad si fuera relevante. Tal vez, una niña con el alma embriagada de madurez, capaz de tomar decisiones que a los adultos se les escapan de las manos. Tal vez sobre un anciano con el ánima curiosa, capaz de sorprenderse por todo como un niño. Sin embargo, escribir sobre otros requiere un estudio minucioso del entorno y el personaje, de patrones físicos y psíquicos que arbitrariamente se escapan al observador y merecen algo más que unos cuantos folios. Escribir sobre otros, precisa dedicación plena, amor, una mente despejada capaz de captarlo todo con nitidez o, al menos, la mayor parte del todo, y yo, no creo estar preparada aún para asumir tamaña responsabilidad.

No obstante para internarme en la mente de alguien que conozco, no necesito casi nada. Se perfectamente lo que piensa en cada momento: cuando es feliz, cuando va a llorar, si lo hará por alegría o por tristeza….
Curso un Ciclo Formativo de Grado Superior de Administración y Finanzas. Si hace sólo un par de años alguien me lo hubiese dicho, le habría tachado de lunático. No son estos los estudios que acaba realizando una persona cuyas pasiones deambulan por los caminos de la filosofía y el arte. Sin embargo, hoy en día prácticamente nadie come con este tipo de vocaciones. Las finanzas se han impuesto a la literatura, la interpretación, la pintura, la escultura…y sobre todo, al pensamiento.

Seguramente no hubiese tomado nunca la decisión de volver a estudiar sin la ayuda de la persona con la que deseo compartir mi vida. Pero, pensar en el futuro convierte en una pesada carga el saber que puedes desperdiciar tus mejores años, las oportunidades que te brinda la vida. Que podrías complicar la existencia de la familia que deseas formar alguna vez.

De repente, un día te percatas de que el tiempo juega en tu contra y de que si no te apresuras a agarrar bien fuerte un salvavidas tarde o temprano puedes hundirte en un futuro incierto, porque no importa si una persona está más o menos preparada intelectualmente si no tiene un título que lo acredite.
Por otro lado, en este Mundo en que vivimos todos necesitan a alguien que les ayude a llevar las cuentas, por lo que las vocaciones sublimes hay que dejarlas en pos de la economía de mercado, por más que te pueda pesar. (No obstante, no entiendo por qué una persona que realice estudios de este tipo tiene que dejarse llevar necesariamente por la ola materialista.)

Existen unas necesidades esenciales que debemos cubrir, para ello, según se estructura nuestro entorno social hace falta dinero y éste, no cae del cielo, por lo cual, hemos de encontrar un trabajo (tarea harto complicada), y para hallarlo son necesarios cientos de requisitos: un título, buena presencia, conocimientos de idiomas e informática, etc. Y, lo peor del caso no consiste en el hecho de tener que prepararte lo mejor que puedas, sino, que a la hora de acceder a un puesto de trabajo, habrá delante de ti siempre, un montón de personas cuyo puesto está asegurado de antemano: el hijo de un directivo de la empresa, la amante de un político cualquiera, el sobrino de un conocido personaje público….

De este modo, llegamos al hastío que ensombrece a la sociedad juvenil de los tiempos que corren. Los jóvenes de hoy nos fabricamos nuestros propios ideales con retales de los que existieron en otras épocas. Algunos nos damos cuenta de que ya no podemos hablar de políticas de izquierdas o de derechas porque el sistema de poder subsistente ha desvirtuado a la política en sí misma, que ha pasado de ser un instrumento para organizar la sociedad en beneficio de todos los ciudadanos, a ser objeto del poder económico. Los idílicos ideales de izquierda han muerto por completo en los sistemas políticos del mundo entero y ahora, renacen en asociaciones no gubernamentales pro derechos humanos, ecologistas, etc. Que tiemblan cuando piensan en adentrarse en la espiral gubernamental tras observar que, a lo largo de la historia, el poder no ha hecho otra cosa, sino corromper a cualquiera que comenzase con nobles ideales.

Por supuesto, no me atrevería nunca a hacer de estos pensamientos algo doctrinario, es tan sólo la opinión de alguien que obviamente aún tiene que aprender demasiadas cosas en la vida, y que seguramente, no llegará a comprender todo lo que le rodea con certeza. Y, sin embargo, como muchos de vosotros, tiende a dar una opinión de lo que observa, intentando no otra cosa que encontrar una explicación para todo lo que le preocupa. Tratando de hallar una respuesta en el interior (como invitaba Sócrates) a todas las preguntas que nos surgen sobre lo que nos rodea. Y, con la certeza de que tal vez cuando crea haber llegado a una solución válida tenga que cambiar el veredicto.

De repente un día tras mucho esfuerzo para conseguirlo, encuentras un trabajo más o menos adecuado. Uno de esos en el que, aunque no está demasiado bien pagado, al menos te tratan con respeto y algo de afecto, cosa que no ocurre habitualmente. Si no, prueben a trabajar en un pequeño supermercado o como peón agrícola en alguna fábrica, por ejemplo. En este tipo de lugares siempre hay alguien que parece que heredará la empresa y, que si no es ignorado por completo, tiende a tratar de convertir tu vida en un infierno.

En todo caso, lo único que interesa vislumbrar es lo difícil que resulta hoy en día encontrar un buen trabajo en el mejor de los sentidos, de esos con personas que realmente desean trabajar y permitir que otros trabajen, sin necesidad de poner a nadie la zancadilla.

Luego, cuando logras tamaño sueño, la vida gira más deprisa y tardas en alcanzar su ritmo. Porque, a la entrada del siglo XXI los jóvenes queremos salir del nido familiar con todo puesto: una vivienda, un trabajo, un mínimo estatus económico, etc. Por este motivo se entiende que muchas parejas puedan estar hasta la coronilla de su niñito de 30 años, que aún no ha sacado el culete del cascarón. Y, lo cierto, es que la mayoría de nosotros no tenemos otra opción, ¿dónde puedes ir si sales de casa?, ¿dónde encontrarás un trabajo que te permita independizarte? ¿Qué tipo de trabajos tendrás que realizar para sobrevivir? ¿A qué vivienda podrías tener acceso y cómo pagarías un alquiler más o menos decente?….

El corazón de muchos de nosotros nos anima a vivir aventuras de supervivencia en libertad, querríamos dejar de ser una “carga” para nuestras familias y demostrarnos a nosotros mismos que podemos conseguirlo. Pero, luego observamos cómo personas igual que nosotros, acaban en la calle mendigando trabajos que nadie quiere, haciendo collares de madera, pendientes con abalorios o dibujos en las aceras para ganarse la vida.
Como esas personas por no tener unos estudios, o tenerlos y no haber sido capaces de regresar a casa cuando aún estaban a tiempo, no pueden acceder a la estructura social predominante, y son despreciados por los transeúntes que deambulan por las calles de las ciudades dirigiéndose a sus casas, el colegio de los niños, sus trabajos….

El caso es que, cuando somos jóvenes, creemos tener el mundo a nuestros pies, pensamos que podremos moldearlo a nuestro antojo, pero, es el mundo quien nos talla a nosotros. Luego, llegan los hijos, y lo que no nos importaba que nos ocurriese, nos preocupa que pueda pasarles a ellos. Lo son todo para nosotros. Invaden nuestra alma con sus sonrisas, sus llantos, sus primeras palabras, los primeros pasos….Entonces es cuando comprendemos que, si no puedes con la sociedad que te rodea, debes tratar de unir parte de ti a ella, de estudiarla para tratar de retocar las partes que no te gusten, y que ellos, tu tesoro más preciado, puedan encontrarse en un futuro con una sociedad algo distinta de la que tú heredaste. Una sociedad dónde el color de la piel importe menos, dónde la distancia entre ricos y pobres, poderosos y humildes, esté más difuminada, dónde un padre pueda besar a su hijo sin pudor, donde la palabra hipocresía no deba encontrarse en el diccionario. En el que nadie tenga que mirar bajo su coche por si le han colocado una bomba. En el que se respiren todos esos sueños delirantes de respeto hacia los demás y al medio ambiente, que algunos seres humanos poseemos, y sobre todo, un mundo en el cual, ningún niño pueda ser despojado de su infancia.

Por todos esos motivos creo que hay que conseguir una personalidad fuerte, que te ayude a enfrentarte a todo, pero que te permita llorar. Creo que en eso debe consistir la educación que se imparte. En eso, y en un acercamiento más vivo a la historia, a la filosofía, al arte en todas sus vertientes y a todas esas materias semiabandonadas que hasta ahora habían estado enseñando a la juventud a razonar libremente, y que cada vez se acercan más a la extinción dando paso a una juventud desorientada que no se atreve a opinar por miedo a perder derechos.

A menudo, criticamos lo que creemos que está mal en nuestros estudios respecto a nuestros profesores, en nuestros trabajillos con nuestros jefes, etc. Nos llenamos la boca opinando sobre cómo deberían de ser las cosas…Pero, a la hora de la verdad, cuando alguien saca la cara por nosotros e intenta solucionar algo, agachamos la cabeza y nos callamos, dejando a su suerte a aquel que tuvo el valor de luchar por nosotros. Y, eso precisamente es lo que debemos combatir. No se trata de ser una especie de elemento subversivo de esos que deben protestar por todo y ponerle mal cuerpo al más plantado. Se trata de ser justo a la hora de expresar una opinión, de ser sincero si tienes la suerte de que te pregunten si estás a gusto con lo que aprendes o en el trabajo que realices, sin miedo a que te tachen de pelota en caso afirmativo, ni de que tomen represalias contra ti, si es al contrario. De ser valiente al fin y al cabo, consecuente con tus decisiones, acciones y opiniones.

De todas estas cualidades adolecen muchas personas actualmente, alguna vez, carecemos de ellas todos nosotros. Y…, mientras no haya nadie capaz de expresarse sin miedo, no existirá la libertad.

Lo verdaderamente triste es que casi todos aquellos que se atrevieron a expresarse libremente a través de los siglos, murieron a manos de los mismos a quienes trataron de ayudar, a manos de sus iguales: Jesucristo, Sócrates, Federico García Lorca, Martin Luther King, J.F. K o Ghandi son ejemplos indiscutibles de este hecho.

No entiendo como alguien como Rousseau pudo afirmar: “El hombre es bueno por naturaleza”, supongo que se debió a que era un hombre tímido que no se relacionaba demasiado socialmente con sus semejantes.

Con todo mi amor entrego este escrito como un guiño esperanzado al futuro.

*Dedicado a todos los que han luchado por la convivencia pacífica y la libertad de expresión.

Guareña, Badajoz. Noviembre del año 1.999.

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