La chavalada del bus

Por fín llegó el 30 tras una larga espera. Era viernes y más de las 21 h.

Me monté en el bus, una pandilla de jóvenes y adolescentes entró y se sentaron alrededor.
En un hueco de 4 asientos estábamos 3 personas: un chico, una chica y yo.
El resto de chavales, alrededor… Escuchaban RAP y reggaeton e iban de duros/a.

El muchacho, gorra de beisbol, pantalón de chándal y camiseta deportiva, puso sus pies sobre el asiento libre a mi izquierda, la chica se tumbó colocando las piernas encima de él recostada a la ventana…Y yo, que al principio estaba muy correcta, ocupando el mínimo espacio, decidí ponerme algo más cómoda dentro de los límites que exige mi propia educación.

La chica, muy bonita, pelo largo y moreno, camiseta de tirantes y minúsculo pantalón, iba con el líder evidente, que no perdía un segundo sin meterse con el muchacho que estaba sentado detrás de mí y que decía no importarle la chanza del “rudo” chavalote.

Ella, entre risas y tímidos arrumacos de colegas que pretenden ser algo más, le pedía:
-Anda, deja de vacilarle, déjale un poco en paz.-Riéndole las gracias.

El chico se justificaba: -Si es que yo soy así, ¿a qué tú sabes que es de coña, tío?

Y el aludido:
-No importa. Me da igual. No pasa nada tío.

Comienza a sonar un RAP de temática de chaval incomprendido, de frustración, dolor y soledad.
El muchacho baja la guardia un momento: -Esta canción siempre me pone tó triste- dice cambiando un momento el gesto e incorporándose en el asiento.

De pronto ve a un grupo de chaveas (aún más canijos): -¡Ostia! ¡Mira éstos!…¡Bájate, bájate!…Vamos a bajarnos en esta…A estos les vamos a zurrar.
Y…Tres de ellos se apearon un par de paradas antes de la mía en busca de pelea…O no, ¿quién sabe?

Una señora ocupa el espacio junto a mi asiento…La chica se tumba ocupando las dos butacas de en frente y grita al “cabecilla” girando la cabeza hacia él:
-Anda, no les peguéis…Bueno…Llámame luego, ¿vale?

Él: -Pero no me mandes nada al WhatsApp, que me lo ve mi piva.

Ella: -Bueno, pues llámame desde casa, cuando llegues.

La niña, al quedarse sóla, mira a los chicos de los asientos traseros y les enseña el piercing que lleva en el frenillo.

-Tío, ¿qué te parece? ¿Os gusta? Me lo he hecho yo. ¿Si no abro la boca se me nota?. Es que mi madre no me deja que lleve piercing.

-Y qué más da, si ya llevas otro.

-El de la nariz es de mentira, me lo quito cuando estoy en casa.

-¿Se me nota al hablar? A ver dime que diga algo.

El chico: -Di, “me gusta chupar pollas”

Y ella lo ha repetido tan contenta, sin plantearse nada, con una sonrisa que pretendía ser pícara, pero estaba cargada de ansia de aceptación y una triste dosis de ingenuidad y dulzura. A pesar de los pies en el asiento de al lado, usado cual sofá.

Los otros chicos, cambiando de tema, comenzaron a hablar de cómo ignoraban que el otro chaval les picara: -No le he dicho nada, no vaya a ser que me diera dos ostias, que está muy loco.

En fin, me levanté, era mi parada. Me situé en la casilla de salida tras tres o cuatro ancianos colocados delante de una puerta que no abría, los nuevos pasajeros entraban sin problema por la puerta principal.

-¡ABRA LA PUERTA!-, grité.

Silencio.

Por un momento me sentí como un profe duro de película. Como una versión edulcorada de Harry el Sucio, básicamente, porque la ropa no acompañaba, 😉

Y pensé con una mezcla de tristeza, rabia e impotencia.

Espero que aprendan a vivir.

Da la sensación de que, realmente, nadie se preocupa por ellos, lejos de prohibirles tal o cual cosa o ponerles hora de llegada a casa. De que estos chicos y chicas están muy solos y perdidos. De que necesitan ayuda para esa autoestima dañada y distorsionada.

Los ví muy vulnerables y pensé, por ahí no todo el mundo es bueno, si no tenéis suerte, sois carne de cañón.

Le doy vueltas:

  • A ese chico que va de duro pero permite que su parejita de turno le controle el móvil y va buscando pelea.
  • A esa niña que “se atreve a todo”, pero se interesa por el malote con novia y esconde los piercing para que no los vea su madre, con esa inseguridad y fragilidad camuflada de descaro.
  • Y a ese otro chaval que permite que le humillen, para evitar que le partan la cara.

Pienso en ellos y me pregunto, ¿qué sistema educativo se ha creado que impide a los chavales confiar en su familia, en sus profesores y los lanza a un mundo dónde podrían ser carne de cañón sin más caparazón que su aparente insolencia?

Fight, hope, lovePienso en todas estas cosas y recuerdo las palabras estampadas en mi camiseta:

    Fight (Lucha)
    Hope (Esperanza)
    Love (Amor)

Con un poco de suerte podrían ser las consignas de sus vidas como lo han sido de la mía.

Feliz supervivencia.

Nos leemos!

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2 comentarios en “La chavalada del bus

  1. Hola Roxana!
    Interesante ver el punto de vista que tienes hacia nosotros los adolescentes. Si, con concuerdo contigo en algunos puntos. Pero también quiero agregar, la sociedad misma nos obliga en ocasiones hacer o actuar como no queremos.
    No es mi caso de estar buscando broncas, pero si el de mis panas más cercanos, siempre quedo como la ñoña del grupo.
    Igual, esto me ha inspirado para desahogarme a mi manera, escribiendo (como lo puedes ver) en mi propio blog.
    Gracias por ese otro punto de vista que no había visto.

  2. Hola!

    Pues me parece realmente genial que tengas tu blog…Le he estado echando un vistazo y está interesante.

    Gracias por escribirme y perdona que te responda tan tarde…Madre mía! Han pasado meses!

    Sigue escribiendo y adelante con tus sueños…lo de Dj, mola, jeje

    Un abrazo.

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