Los malos del cuento sí existen, ¿queremos ser su víctima?

Roxana Palacio_Sesión Casa de Campo

Hay personas que hacen que recuerde que por muy bien que te portes con los demás, por muy amable y considerada que seas, siempre habrá alguien dispuesto a mostrarte desprecio y hacerte daño de forma gratuita. Sin el menor de los motivos. Incluso sin molestarse en conocerte. Y son capaces de hacerlo tan bien, que además crearán en los demás la ilusión de que el problema con ell@s lo tienes tú.

Cosa, que si te quieres un poco, evidentemente, acaba siendo así, ya que nadie que se respete a sí mism@ debe permitir que le traten mal, y menos aún, si sus motivos, nada tienen que ver con tu comportamiento inicial hacia ell@s.

Lo curioso de estas personas es que sólo quieren ganar pese a quien le pese, y cuando consiguen lo que buscaban, en ocasiones, acaban despreciándolo también porque les mueve sobre todo la sensación de poder, del “sí que puedo”. Como quien se compra un perrito súper caro en Navidad, porque se ha encaprichado y se lo puede permitir y luego lo abandona a su suerte en verano porque le estorba.

Puedes tenderle la mano a alguien una vez, y esa vez, puede que esa persona, por el motivo que sea: alcohol, drogas, falta de madurez, celos…te la desprecia y l@ disculpas pensando: tal vez tiene un mal día.

Puedes tendérsela una segunda vez en forma de apertura de puertas y encontrarte:
1. Que esa persona fue la que llamó.
2. Tú la que abriste. y….
3. Que cuando te decides a cruzarla para saludar en son de paz, te la cierra de golpe en las narices y encima le parece divertido.

Pero, por lo que a mí respecta, tras despreciar tu mano y cerrarte una puerta en las narices, esa persona en particular, tiene que currárselo mucho para tener una nueva oportunidad contigo.

Soy tal vez una de las personas más tolerantes del mundo, pero tengo intolerancia a las personas que me faltan al respeto por puro placer, cuando nada malo les hice salvo ser como ell@s no podrán ser y tener por ello lo que ell@s tal vez nunca lleguen a tener, al menos con la misma autenticidad o pureza.

Así que las personas a las que quiero pueden tener claro que ell@s son libres de dar su cariño o amistad a quienes quieran y pasar el tiempo con quien les de la gana, que para eso es suyo.
El tiempo es una de las pocas cosas que nos pertenecen, es escaso y por lo tanto, valioso. Cuando compartes tu tiempo con alquien, estás dándole algo que jamás recuperarás. Yo valoro mucho lo que hago con mi tiempo.
Pero lo que no pueden hacer mis seres queridos es obligarme a tolerar a personas que por el simple hecho de tener algún que otro tipo de conflicto de intereses conmigo, ya sea real o ficticio, me hayan tratado de forma distinta a la que correspondía a mi trato hacia ell@s y más, si considero que han llegado a faltarme el respeto.

Ni trato mal a nadie, ni coarto su libertad, ni les niego cariño, un hombro donde llorar o un rato de juego y risoterapia compartida.

Todas las personas que forman parte de mi vida tienen las puertas abiertas de par en par para que entren o salgan cuando quieran. Esa es la verdadera belleza del amor: la libertad de uso del corazón.

Eso sí, cuando analizo a alguien y siento que esa persona me quiere mal y me hará daño si está en sus manos, directamente o a través de otr@s, mis puertas se cierran como las de un búnker. A esas personas las quiero fuera de mi vida, lejos de mi vida y si su cercanía a las personas que quiero, a la larga, me llega a alejar de algun@ de mis seres queridos, tal vez es que era el momento en que ese ser querido tenga que salir por la puerta que siempre tuvo abierta.

No siento celos, ni envidias, ni rencores, tengo esa suerte, pero a mi lado sólo quiero a gente que corresponda a mis sentimientos y al trato que le ofrezo del mismo modo y de forma sincera. Así que, aunque es más fácil interpretar mi actitud como celos, envidia o rencor, en realidad, tan sólo es precaución, por que sé que los malos del cuento sí que existen y yo no soy una princesa, ni quiero ser ninguna de esas víctimas vestidas de buen@ del cuento.

Así que, si me permitís un consejo (aunque no tenga edad para darlos):

Queréos mucho y tratad a los demás como os gustaría que los demás os tratasen. Y nunca, jamás, permitáis que nadie os pise e intente haceros creer que no merecéis la pena, porque sois geniales y no debéis de sentiros culpables por alejar a las personas que os quieren hacer mal por el simple hecho de que se defiendan haciendo ver a l@s demás que os mueve algo más allá de un deseo de protegeros, valoraros y ser felices.

Ejemplo: La madrastra de Cenicienta, Lady Tremaine despedaza de una manera deliciosa a su rival. Hace ver a Cenicienta que si acaba sus tareas y logra hacerse con un vestido adecuado, le permitirá ir al baile, pero le manda hacer tantas cosas, que resulta casi una misión imposible. Sin embargo, cuando, gracias a sus amigos los animales, la insolente hijastra se atreve a aparecer con un vestido aceptable, en un par de segundos de delicadas observaciones, consigue azuzar a sus hijas como fieras para destrozar el vestido, dejando a la protagonista con sus esperanzas rotas en pedazos. Cuánto sufrimiento se habría ahorrado Cenicienta no siento tan buena y mandando a tomar viento a “su madrastra y hermanastras”. Porque, y ese es el detalle…”Su madrastra no rompió el vestido, ella le iba a dejar ir al baile”.

Un gran abrazo y feliz vida a tod@s alejados de mal@s de cuento!
Nos leemos!
Muax!

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